January 12th, 2011 a las 9:09 pm

Nuestros retos

Todo parece imposible hasta que se hace. Nelson Mandela

Reproducimos aquí el artículo de Luis Campos Iturralde, Portavoz de la Ejecutiva de Izquierda Unida de Navarra – Nafarroako Ezker Batua, publicado en Diario de Navarra recientemente.

La izquierda alternativa y transformadora Navarra tiene por delante dos retos que van a marcar el devenir y las posibilidades de cambio en Navarra en Mayo de 2011.

El primer reto al que tiene que hacer frente es el de la necesidad de articular un espacio político capaz de ir más allá de las meras coaliciones electorales, capaz de aglutinar a un amplio espacio sociopolítico que anhela desde hace años un acuerdo entre los diferentes Agentes Políticos y Sociales de la izquierda alternativa y transformadora de Navarra.

En estos momentos en los que la coalición electoral entre Izquierda Unida de Navarra y Batzarre nace como novedad de cara a la próxima cita electoral, con permiso de la desunión de la derecha, la Izquierda no se puede conformar con una mera alianza electoral de estos dos partidos.

La convergencia ideológica, programática e incluso organizativa de estas dos formaciones de cara a las elecciones de 2011 tiene el deber de generar ilusión y confianza en toda la Izquierda de Navarra.

Pero esa Izquierda no se circunscribe exclusivamente al ámbito de los partidos políticos sino que va más allá, y se plasma en los movimientos sociales que desde diferentes ámbitos y perspectivas vienen trabajando desde hace años en Navarra a favor de un modelo social más justo en lo económico, más cohesionado en lo social y más sostenible medioambientalmente.

Sindicatos de Clase, Organizaciones Ecologistas, Asociaciones de Vecinos, Asociaciones de Padres y Madres, Colectivos Culturales, Colectivos Juveniles y un largo etcétera, constituyen la red que teje la izquierda política y social de Navarra y   tiene que verse reflejada y representada en este nuevo espacio electoral que  ha de consolidarse de cara a las elecciones del año 2011.

Continuar leyendo »

January 3rd, 2011 a las 2:07 pm

Lecciones para la vieja guardia

Y en tu guitarra como en la de Woody
y en la de Woody como en la de Joe Strummer
venían escritas las instrucciones
para salir a pelear

Los Carradine, Billy Bragg

Descubrimos hace poco a Billy Bragg y ya se ha convertido en parte de nuestra banda sonora. El otoño pasado estuvo en Madrid y dio un concierto memorable: armado con su guitarra eléctrica y un vaso de té, fue capaz de levantar a toda la Galileo Galilei para berrear “Looking for another girl!”, entre bromas sobre la selección española y speechs políticos incendiarios. Ahora ya forma parte del hilo musical cotidiano, y aparece en nuestras conversaciones sobre política y embarazos, al encontrarnos con compañeros de la izquierda desperdigada en los piquetes sindicales, o mientras aguardamos el gran salto adelante. Por eso leer este artículo suyo sobre las movilizaciones estudiantiles resulta tan reconfortante (a diferencia de las ocurrencias que han escrito otros compañeros de viaje), y anima a recargar la batería “para salir a pelear”.

Los estudiantes en lucha: enseñando a la vieja guardia de la izquierda un par de cosas

Billy Bragg (Guardian, 14-12-2010)

Los estudiantes en lucha de este invierno del descontento son mis héroes. En lugar de darse por vencidos ante los políticos que han incumplido sus promesas sobre las tasas universitarias, se han puesto manos a la obra. Las manifestaciones y ocupaciones son el mejor antídoto contra el cínico mal genio escupido en los foros de internet contra cualquiera que se atreva a desafiar la idea de que el capitalismo de libre mercado es la repuesta a todos nuestros problemas.

La ubicuidad de los teléfonos móviles con cámara entre la gente joven ha convertido a cada activista en un reportero ciudadano, capaz de acceder a imágenes que refutan al instante las afirmaciones de las autoridades. Estos mismos aparatos permiten a los manifestantes comunicarse con la suficiente prontitud como para evitar ser acorralados por la policía y detenidos ilegalmente. Los estudiantes conocen sus derechos porque pueden googlearlos.

Se suponía que era la generación de los activistas-poco-aplicados [slacktivists], dispuesta a impedir que Simon Cowell [directivo de Sony-BMG y creador de Factor X] se haga con el número uno en las listas, pero incapaz de llevar las cosas más lejos. En vez de esto, han tomado la iniciativa, sin esperar a que el Partido Laborista o la TUC [la unión sindical] les digan lo que tienen que hacer, tejiendo sus propias complicidades en la sociedad, haciendo frente a los dolorosos recortes y exigiendo que quienes eluden impuestos compartan ese sufrimiento.

Por lo que veo, parecen decididos a evitar los recelos ideológicos que han arruinado a la izquierda británica durante tanto tiempo. Es la primera generación que tiene la oportunidad de crear una forma de socialismo no contaminada por el totalitarismo. Aquéllos de nosotros que luchamos contra los tories en los últimos años del siglo pasado deberíamos escuchar y aprender.

Extraído de: Guardian (y traducido libremente).

November 14th, 2010 a las 4:10 am

Ya no quedan espejismos en el Sahara

1289662708_extras_albumes_0

Una multitudinaria manifiestación ha recorrido hoy las calles de Madrid: por Atocha, Jacinto Benavente y Carretas hemos paseado nuestra indignación miles de amigos del pueblo saharaui (y algún político oportunista), hasta inundar la Puerta del Sol con gritos a favor de la libertad del Sáhara y en contra de la represión marroquí. La alegría por el éxito de la convocatoria va pareja con la rabia por la actitud medrosa e hipócrita de nuestro gobierno. Zapatero ha afirmado que “tiene que poner por delante los intereses del Estado”, una razón tan desafortunada para defender su complicidad como aquélla que esgrimió Ana de Palacio para justificar la guerra de Iraq por sus efectos en el precio de nuestra gasolina. El PSOE debería preguntarse cuáles son exactamente los “intereses nacionales”; o dicho de otro modo: si el pueblo español desea intercambiar la negación de los derechos humanos a un pueblo entero por menos inmigrantes y más negocios con Marruecos, y si el pueblo español está dispuesto a cargar sobre su conciencia con todas estas muertes y torturas. Debería preguntárselo cada militante socialista a sí mismo y a su entorno (donde encontraría familias que acojen a niños saharauis en verano, activistas por la causa del Sáhara), y luego a sus responsables de agrupación y a sus dirigentes más próximos, y después a los cargos políticos que pueblan diputaciones, consejerías y ministerios, así hasta conseguir anteponer la “razón democrática” que hoy se ha manifestado por Madrid a la “razón de Estado” tras la que se escuda Zapatero.

Allá va un poema, lleno de rabia, de uno de nuestros poetas predilectos, para despedir el día:

Ya no quedan espejismos en el Sahara.

España,
vente a la cárcel negra de El Aaiún,
llevo treinta años pronunciando tu nombre,
España, tu nombre en vano.
Lo grito cuando me torturan los charcuteros,
los vejadores del simún,
lo escupo cuando aspiro al milagro de vivir
y me acaricio para sobrevivir.
Observa mis heridas del color de las rejas
de esta execrable cárcel de dioses abandonados.
Somos doscientos saharauis
hacinados como lápidas, como bestias sin voz,
y unos 200.000 en medio de la nada
de la hamada hostil.

La nada son 5 bajo cero de noche
y 45 grados bajo el sol del olvido
del campo de refugiados.

Vente a la cárcel negra donde Aminetu escribe:
Estoy tan segura de vosotros como lo estoy del mar
que me espera a 25 kilómetros, tan segura de que esos niños
volverán a su tierra liberada…

Lo gritan nuestros niños cuando se lanzan al sol
y caen en tus piscinas de Madrid, Euskadi…
Esos delfines buscan respuestas en tu secreto hipócrita
y regresan a casa con tu nombre en los labios.

España no te laves las manos otra vez,
no te daré mi melfa para secarte.
No me abandones a mi suerte de fósforo y napalm.
Tienes una herida sobre el Trópico de Cáncer,
supura por el norte, con el río Draá,
supura por el este en las montañas del Zemmur,
por el valle del Tiris los dátiles, los oasis supuran,
supura el manantial de las dunas del Azefal
y llega por el oeste la hemorragia al Atlántico.

España, no pidas calma
a los hombres azules con el tiempo en las manos
y el corazón de arena. No pidas silencio
a los presos políticos, los desaparecidos,
ni paciencia a este pueblo ocupado, expoliado
que lleva un siglo soñando contra el sol
sometido a banderas y demonios ajenos.

No quedan espejismos en el Sáhara,
también aquí volaron el arco iris
con hermosas palabras y bombas de racimo.

Ángel Petisme, Demolición del Arco Iris (Baile del Sol, 2008).

November 2nd, 2010 a las 6:07 pm

Sociedad de segunda fila

aparcando

Vivo justo enfrente de un colegio. Por tanto, tengo asumido que, a las horas de entrada y salida de los niños al mismo, la calle se llena de coches en segunda fila, porque por lo visto la mayoría de sus madres y padres viven o trabajan demasiado lejos como para llevar o traer a sus hijos andando, y sus agendas están demasiado apretadas como para dejar el coche en el aparcamiento que hay a tres minutos del colegio. De acuerdo. Esta sociedad tan estresante en que vivimos ha de tener sin duda sus daños colaterales y esos son los conductores de los coches que no pueden salir, y sus labores, seguramente mucho menos importantes que las de aquellos que han aparcado en segunda fila, tendrán que esperar.

Hoy, como cualquier otro día, justo a la hora de salida del colegio, puedo oír desde mi casa una agradable sinfonía compuesta por bocinas de hasta cuatro coches diferentes. Me asomo a la ventana y puedo ver cómo absolutamente nadie se acerca desde el colegio a comprobar si es su coche el que molesta. Pasan veinte minutos hasta que el último coche deja de pitar. Los defensores del capitalismo neoliberal suelen afirmar que la conjunción de egoísmos desemboca en el bien común. Nunca he sido capaz de entender la lógica de tan extraño proceso, pero si tienen razón esto va a ser el paraíso terrenal.


October 25th, 2010 a las 11:56 pm

Contribución a la creación de un mito

manuel-vazquez-montalban

Hace siete años y siete días fallecía, en la soledad de un aeropuerto tailandés, Manuel Vázquez Montalbán. Cuando muere un escritor admirado solemos consolarnos con la idea de que nos queda su obra. Pero, aunque uno pueda resignarse sin excesivos traumas a que el mundo de Carvalho es finito y está contenido en una veintena larga de historias, o a que ya no se publicará ninguna novedad literaria prologada por el más prolífico de los prologuistas, no puede evitar pensar en las columnas sobre el gobierno de Zapatero, la huelga general o la trama Gürtel que ya no escribirá y que jamás leeremos.

Como mal menor, en su encomiable labor de extensión cultural, Público nos obsequió hace dos veranos con una completa colección del escritor catalán, que incluía una obra clave para comprender las grandezas y miserias de la izquierda de nuestro país: Asesinato en el Comité Central. En aquel libro, la víctima del asesinato viene a ser, entre líneas, la víctima de la crítica política de Montalbán: Garrido en el libro, Carrillo en la realidad. Pero no es difícil reconocer a otra víctima, ésta de la revancha personal del escritor, a lo largo de las páginas de la novela. Justo Cerdán encarna a Manuel Sacristán, probablemente el filósofo marxista más importante en lengua castellana. Cerdán es un comunista situado entonces en las afueras del PCE y el editor de una revista llamada Hasta luego (trasunto de mientras tanto), con quién Carvalho tiene una cuenta pendiente, muy parecida a la que vivió el propio Montalbán en la realidad. En el libro, la relación de admiración y desprecio de Carvalho-Montalbán hacia Cerdán-Sacristán se desliza sin ambages hacia el segundo extremo, lo que deja un poso amargo en el lector avisado.

Como escribió Javier Pradera: “mucho me temo que el ajuste de cuentas de Vázquez Montalbán con su malvado particular, apenas disimulado en un arquetipo extraparlamentario, sea un atracón, indigno de un buen gastrónomo, de ese plato que nunca se enfría que es la venganza”. (Las claves del desencuentro entre Manuel Vázquez Montalbán y Manuel Sacristán pueden encontrarse en la detallada reconstrucción de un incidente elaborada por el siempre minucioso Salvador López Arnal.)

A juicio de Gregorio Morán, entre ambos Manolos “se formó, se desarrollo y se gangrenó una generación entera de la izquierda real de este país”. Así que, como homenaje indirecto a la pluma del primero y al recuerdo de los dos, reproducimos aquí el artículo que escribió Montalbán con motivo de la muerte de Sacristán, en el verano de 1985, donde traza un retrato más equilibrado del filósofo marxista, de la enorme influencia político-cultural que tuvo y de su propia relación con aquél.

Que lo disfruten.

sacristan

Contribución a la creación de un mito.

Manuel Vázquez Montalbán (28/VIII/1985)

“No hace mucho le vi en una cafetería. Se le había complicado el trámite de pagar. Siempre tuvo Manolo Sacristán el afecto de quienes se les complica las cosas más habituales y rutinarias, y, en cambio, se crecen ante los razonamientos más complejos, más próximos al final e imposible desvelamiento de la verdad absoluta. No hace mucho un estudioso de la historia del PCE me pidió un poema mío contra Sacristán que yo escribí en tiempos de silencio y que, por lo tanto, publiqué en una revista argentina hace más de 20 años, Cormorán y Delfin se llamaba la revista, y luego nunca reproduje en ninguna edición de mis libros de poemas. No hace mucho alguien me dijo que Sacristán estaba muy enfermo, fue una periodista mexicana de Nexos, creo, y yo le contesté: Sacristán siempre ha estado muy enfermo, siempre no los han propuesto como una vida transitoria, delicada, una máquina de pensar a punto de ser traicionada por las vísceras más innobles. Es decir, Sacristán seguía estando presente en mi experiencia cotidiana, ciudadana, intelectual, rememorativa y a esta hora de urgente balance, un balance escrito a más de 100 kilómetros de distancia de su muerte, con el teléfono de EL PAIS en el pecho, me doy cuenta una vez más del inmenso espacio que Sacristán ha ocupado, quisiéramoslo o no, en la formación de nuestra consciencia, de la consciencia de aquellos estudiantes de la Universidad de la segunda parte de los años cincuenta y de los años sesenta a los que nos prestaron un quehacer revolucionario.

Tuve ocasión de tratarlo muy próximamente, casi en reuniones para dos, en un período de observación de conducta clandestina, la mía, naturalmente, y pude darme cuenta de cerca de la precisión de aquella máquina de pensar, evidenciada en el resultado de uno de los lenguajes más precisos, más cargados de significación que yo he escuchado en este país. Le admirábamos todos. Luego algunos le adoraron y otros incluso le odiamos, aunque fuera transitoriamente. Pero nunca dejamos de admirarle y al historificar, aunque sea de urgencia e impresionados por su muerte, hemos de proclamarle como el gran introductor del marxismo en la cultura catalana y española de la posguerra, como el intelectual que con más rigor trató de dotar a la vanguardia crítica de este país de los elementos de comprensión del paisaje dialéctico de nuestro tiempo. Sobre él pesaba la gran cuestión que Sartre hizo suya y de su generación: el papel del intelectual en relación con el nuevo sujeto de la historia, la clase obrera.

Sacristán asumió y realizó la respuesta intelectual a este desarío del conocer, pero detrás de la frialdad de los cristales de sus gafas se percibía una ternura expiatoria que le predisponía a una gran indulgencia hacia los nuevos y necesarios hacedores de la historia y un gran recelo hacia su propia casta, la de los intelectuales pequeño burgueses en ocasiones víctimas del espejismo de un desamor de clase transitorio.

Nos entusiasmaba tanto que llegamos a decir: que piense él, nosotros plantaremos coles. Eso lo dije yo, exactamente yo, hace 25 años, después de una conferencia que él dio sobre el saber científico en una universidad en la que estaba prohibido hasta Maritain. Le amábamos tanto que quisimos ser correspondidos y eso no siempre ocurre. Por lo demás, al margen de nuestras visiones privadas del personaje, ahí queda su disgregada pero importante obra escrita, recientemente editada por Icaria, y su inspiración en la pasión, vida y obra de un partido, el PSUC, y en personas y revistas que algún día alguien se encargará de convertir en comunicación. Yo propondría como texto obligatorio para toda clase de posmarxistas ese precioso editorial del primer número de Materiales, escrito o inspirado por Sacristán y que ha sido el más alto exponente del grado de perpleja lucidez de una casta intelectual que supo desconfiar a tiempo de su propia retórica. Ese editorial es casi un credo en la esperanza materialista.

Sospecho que el personaje Sacristán podría ser reconstruido hasta lo irreconocible si nos lo dejan a sus contemporáneos o a sus discípulos. Deberíamos tener una reunión previa donde reconocer el inmenso impacto que causó en nuestras vidas mentales y prueba de ello es que siempre fue tema de nuestras mejores y peores conversaciones. Nunca se ayudó excesivamente a sí mismo a delimitar su propio personaje. Por su casi secreto amor al teatro tal vez imaginó que, una vez muerto, todos subiríamos al escenario y, al tratar de reconstruirlo, sólo hablaríamos de él como nuestro problema.”

Fuente: El País.

October 17th, 2010 a las 9:06 pm

La ciudad teniendo lugar

revellin-sta-isabel

“Cada día la vida bulle en la Vuelta del Castillo, en la Ciudadela y sus fosos: allí encontramos a corredores absortos en su tarea de batir al cronómetro o de batir la fuerza de la gravedad para no caer desplomados, a las cuadrillas de adolescentes a grito pelado disfrutando de un bello césped que todavía se puede pisar, a las parejas que dan buena cuenta de los recovecos múltiples que contienen las murallas y sus cuerpos, así como a los ancianos y menos ancianos sentados en los bancos contemplando el paisaje que todo lo anterior conforma. También están los futboleros, que van desde los audaces veteranos de algún equipo de Boscos hasta los nuevos repobladores de espacios públicos…”

Puedes seguir leyendo este artículo de Ion Martínez, viejo amigo de esta casa, en el Diario de Noticias.