Se me escapó, lo juro, no lo pude evitar. Se me escapó y me arrepentí al instante, lo que tardó la señora del chubasquero rojo en fulminarme con la mirada.
Hacíamos cola en la tienda de mi amigo Joaquín; la señora, mi vecina del quinto y un servidor. Yo escuchaba a ratos la conversación mientras decidía si me iba a llevar naranjas o mandarinas.
- ¡Eso no puede ser!
- Como te lo cuento. No sólo no me arregló los dientes sino que me cobró 250 euros por la chapuza
- ¿Y que vas a hacer?
- De momento ya he hablado con mi sobrino, que para eso es Foral. Pero mientras tanto ¿a mí quién me paga esto?
Entonces lo dije, a bocajarro. Me acordé de la subasta en que estamos inmersos, de los 400 euros, de los 200 y de los 3000. Me acordé de lo que se podría hacer con ese dinero en sanidad, en política de vivienda y educación infantil. Me acordé de Solbes, de ZP y de su familia. Me acordé de la Marquesa de Chorrapelada recibiendo un cheque por el nacimiento de su hijo, de los que pagaban un poco y no van a pagar nada y también de los que no pagan porque no les llega y van a seguir igual. Me acordé y lo dije, sin pensarlo o pensándolo mucho, no lo sé, pero lo dije:
- El PSOE, señora.


