Como ya habrán advertido los lectores de esta Casa, cada vez estamos más cerca de eso que llaman Elecciones Generales. Un acontecimiento que suele llegar precedido de un espacio temporal en el que las distintas opciones políticas se esfuerzan por transmitir su proyecto y marcar diferencias con sus adversarios, lo que se conoce como Campaña Electoral. Sin embargo, este último fenómeno no se da por igual en todas las circunscripciones electorales. Aquellos que tenemos el privilegio de votar en la aldea Foral, asistiremos de nuevo a la campaña de El Discurso. Un único y omnipresente discurso que puede resumirse en defender los intereses de Navarra en Madrid y se presenta en varios formatos: el clásico, el guay… etc.
Esta aburrida característica de la campaña navarra consistente en demostrar quién la tiene más grande (la foralidad) se basa en un error y una falacia, a partes iguales.
El error, empecemos por lo básico, parte de pensar que los diputados elegidos por la circunscripción de Navarra tienen como función primordial representar a la ciudadanía de esta comunidad, ser su voz.
Lo cierto, sin embargo, es que la representación de la ciudadanía de esta comunidad ante las instituciones del Estado (o ante el Nuncio del Vaticano) corresponde al Gobierno de Navarra, por mucho que nos jodan su actual composición y los responsables de la misma.
Así, es el Gobierno de Navarra el que trata con su homólogo estatal aquello que escapa de sus competencias, el AVE o el número de inspectores de trabajo que corresponde a Navarra, por citar dos ejemplos; ni Uxue, ni Moscoso, ni el de la moto. En estas elecciones no nos jugamos la representación de Navarra, eso ya lo perdimos, y no lo olvidamos.
Por lo demás, los diputados electos por Navarra tienen las mismas funciones que los elegidos por Ceuta, a saber:
· Elegir al Presidente del Gobierno de España.
· Elaborar y aprobar legislación aplicable en todo el territorio del Estado.
· Sostener al Gobierno de España y sus políticas o ejercer la oposición y el control parlamentario al Ejecutivo.
Es cierto, no obstante, que determinados señores y señoras diputadas entienden (lo dicen abiertamente) que su labor consiste en mercadear con el Gobierno de España, ofreciendo sus votos a cambio de una atención especial a su circunscripción de procedencia. Pues bien, dejando a parte la valoración ética del asunto desde una perspectiva de izquierdas, lo cierto es que los territorios no tienen intereses, los tienen las personas, y eso nos lleva a la falacia.
Desde un punto de vista menos formal y más político, la falacia consiste en afirmar que los intereses del Sr Ayesa o los Condes de Guenduláin son los mismos intereses que los nuestros. ¿De quién hablan cuando afirman que defenderán a los navarros? ¿de los que van a dejar de pagar el impuesto del patrimonio o de los que queremos que se pague? ¿de los numerarios o de los becarios? ¿de quién?. Sólo aquellos que no se atreven a decir a quién representan, por una razón o por otra, afirman representarnos a todos.
Desgraciadamente, en una tierra en la que El Discurso ha calado tan hondo, hace falta valor para confrontarlo o adelantarlo por la izquierda. Haría falta tiempo, audacia y sangre jacobina para desenroscar las boinas y que corra el aire. En todo caso, siempre hay que dar el primer paso y este es tan buen momento como cualquier otro.
Veremos.



Ya hay alguien que ha dado el primer paso y ha alzado la voz contra “El Discurso” único y dominante. Se trata de Aurelio Arteta y su partido, Unión Progreso y Democracia. Aquí os dejo unas declaraciones de la rueda de prensa que dio días atrás en Pamplona:
Unión, Progreso y Democracia (UPyD) defiende la supresión de la disposición adicional 1ª de la Constitución que “ampara y respeta los derechos históricos de los territorios forales”. El catedrático Aurelio Arteta Aisa, cabeza de lista al Congreso, afirmó ayer que esos derechos “son profundamente antidemocráticos, no son derechos legítimos en democracia” al establecer diferencias entre los ciudadanos.
El candidato señaló que la posición que mantiene UPyD puede crear en Navarra “cierta tensión” que se debe “no sólo a los intereses creados, que son enormes”, sino al hecho de que “con mayor o menor intensidad, se percibe una cierta mala conciencia por parte de los navarros a la hora de esgrimir este derecho”.
Y tras leer estas declaraciones, me pregunto: ¿Algún día los supuestos representantes de las izquierdas dejaran de utilizar la coletilla “propia y diferenciada” para referirse a la pasmada y embelesada comunidad foral de Navarra?