
Mendigar como una acción capaz de ejemplificar el hambre en las aceras. Sentirnos parte del polvo en el lavabo, cuerpo a punto de naufragio: tres segundos más y todo es agua. Desconocidos y aún así muertos de frío, como antepasados, como niños que buscan la parte lateral que guarda el calor de la tierra en los depósitos de lava. No somos pobres, pero si estamos cansados de no llegar, de perder, de quedarnos en la peor posición antes y después de las carreras. El invierno se acerca a nosotros como un tigre domesticado a base de aspirinas y no vale de nada ser domador en una tienda de juguetes. Resulta ridículo sentarse, esperar a que alguien te de cambio para comprar globos azules en el tenderete de la feria que hay cerca de los adoquines en obras. Tres mandarinas dentro de una caja de zapatos en la tienda de los repuestos para zurdos, es una buena estadística para dejar de lado la frutería y empezar una nueva vida a base de recortables. Por eso digo basta a la vida avión a tiempo de pista, a la soledad para dos en forma de ensalada, al odio de no haber sido antes, quizá, en otro tiempo: Hong Kong, Taipei, Alaska, Nicotina, Asfalto, Edredón y Manta si aún nos queda iniciativa de ajedrez en las pestañas.



Oye, una cosilla, ¿Toda esta historia es para promocionar una película, también llamadas flims?
No te quedes con el marco… el enlace solo es una evocación del texto.