March 18th, 2008 el 2:34 pm

Cambalache

Martín Dimas Abarrategui

Una bala perdida ha matado a Martín Dimas Abarrategui mientras tocaba su acordeón en la calle san antón. Martín llevaba cincuenta y nueve de sus setenta y un años apostado en la misma esquina, con el mismo instrumento, entonando los mismos tangos nostálgicos y arrastrados. Hubo épocas en las que algunas canciones era mejor ocultar, pero Martín, eternamente despistado, no lo sabía y el seguía entonando su físchia al vento entre miradas recelosas. El sólo vivía para su acordeón y era su acordeón el que le permitía vivir de las monedas arrojadas.

A los doce años apenas sabía un par de tangos y una milonga, pero con el tiempo, el repertorio se multiplicó, como se multiplicaron sus tempranas canas. El frío le procuró una gorra serrana que dificultó los constipados y ocultó su cabellera plateada. En realidad, Martín sabía pocas cosas del mundo fuera de los sonidos de su acordeón y de la música sureña. Pero a él le parecía que en esas letras había más filosofía de la vida de la que enseñaban en las aulas que él jamás pisó.

Con los años, Martín se hizo querer por transeúntes y comerciantes. Estudiantes, niños, enamorados y peregrinos despistados, todos le conocían como Martín, el tanguero de la calle san antón. Tan sólo en contadas ocasiones algún yonki de la vecina plaza san francisco, con más hambre que oído musical, arramplaba con las monedas de ese día. Pero el tanguero no se enteraba. Desde que Martín despegaba las primeras notas del acordeón se abstraía de tal manera de todo lo que le rodeaba que dejaba de oír los cláxones de los vehículos o el bullicio de los clientes de la panadería arrasate, se mojaba si llovía y era incapaz de saber si alguien le escuchaba en ese momento. Martín sólo vivía dentro del tango.

Por eso, esta mañana, cuando una bala perdida del robo de la droguería lópez atravesó su acordeón alojándose en su pecho, Martín estaba tan concentrado en “El mundo fue y será una porquería, yo lo sé…” que fue él, Martín Dimas Abarrategui, el tanguero de la calle san antón, el único que no se enteró que le habían matado, y muerto siguió cantando “…en el quinientos tres y en el dos mil también”.

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  • 1

    ora y siempre resistencia!!!!!

    susolivesuso el March 19th, 2008
  • 2

    Qué triste ‘no noticia’. Suscribo el tango y me sumo a esa pasión por la música en la calle.

    María el March 31st, 2008
  • 3

    [...] importa, yo encuentro divertido que la persona que viene buscando conspiraciones se encuentre con esto y el que viene buscando esto otro se encuentre con aquello. La confusión tiene un punto atractivo y [...]

    Seis de Julio el July 8th, 2008

 

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