September 22nd, 2008 el 10:31 am

Wall Street

«Lo impresionante por frío y por cruel es Wall Street. Llega el oro en ríos de todas las partes de la tierra y la muerte llega con él. En ningún sitio del mundo se siente como allí la ausencia total del espíritu; manadas de hombres que no pueden pasar del tres y manadas de hombres que no pueden pasar del seis, desprecio de la ciencia pura y valor demoníaco del presente. Y lo terrible es que toda la multitud que lo llena cree que el mundo será siempre igual, y que su deber consiste en mover aquella gran máquina día y noche y siempre. Resultado perfecto de una moral protestante, que a mí, como español típico, a Dios gracias, me crispaba.

Yo tuve la suerte de ver por mis ojos el último «crack» en que se perdieron varios billones de dólares, un verdadero tumulto de dinero muerto que se precipita al mar, y jamás, entre varios suicidas, gente histérica y grupos desmayados he sentido la impresión de la muerte real, la muerte sin esperanza, la muerte que es podredumbre y nada más, como en aquel instante, porque era un espectáculo terrible pero sin grandeza. Y yo que soy de un país donde, como dice el gran padre Unamuno, «sube por la noche la tierra al cielo», sentía como un ansia divina de bombardear todo aquel desfiladero de sombra por donde las ambulancias se llevaban a los suicidas con las manos llenas de anillos.

El Chrysler Building se defiende del sol con un enorme pico de plata, y puentes, barcos, ferrocarriles y hombres los veo encadenados y sordos; encadenados por un sistema económico cruel al que pronto habrá que cortar el cuello, y sordos por sobra de disciplina y falta de la imprescindible dosis de locura.»

Así hablaba Federico García Lorca en los recitales de Poeta en Nueva York que pronunció entre 1931 y 1935. Tantos años después, en este capitalismo tan nuevo, y a la vez tan viejo, sus palabras todavía guardan vigencia, y penetran en ese sustrato al que no llegan los comentaristas de las páginas de color sepia. La gran máquina sigue en pie, mientras los bancgsters suicidas son rescatados por el Estado, celoso guardián de este sistema económico al que, tantos años después, pronto habrá que cortar el cuello.

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    Estos días, tantos los comentaristas de prensa como algunos blogueros han recibido con sorpresa la intervención de EEUU en los mercados financieros, señalando la quiebra de los principios liberales. Creo que hay un malentendido en esa visión de las cosas, como si Estado y mercado estuvieran siempre enfrentados y uno representara el “lado bueno” y otro el “lado malo”. Las cosas son más complicadas… o más sencillas.

    Os recomiendo esta entrega de la “Economía Chanante”: http://www.ladinamo.org/blog/?p=508 para ver a qué me estoy refiriendo.

    Jorge S. el September 25th, 2008
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    [...] leyendo este texto de García Lorca, que no tiene desperdicio, en La Casa Roja. Enviar a [...]

 

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