Celdas. 8.966 celdas más, “preparadas para su uso doble si es preciso” , se pondrán en funcionamiento en la presente legislatura para hacer frente al espectacular incremento de la población reclusa en España, en palabras de la Secretaria General de Instituciones Penitenciarias, Mercedes Gallizo. Y las que harán falta, en palabras de un servidor.
En la misma rueda de prensa, Mercedes, que es muy progre, afirmó que convendría “apostar por medidas alternativas a prisión en penas de corta duración y para personas que han cometido un único delito”. Si bien es cierto que en esta ocasión no acompañó su apuesta con datos porque era sólo eso, una apuesta, que presentó como solución coyuntural a un problema de hacinamiento y no como un cambio de orientación en materia de política penal y penitenciaria.
Una apuesta ganadora, en cualquier caso, ya que todos los estudios realizados demuestran que la tasa de reincidencia en personas sometidas a penas alternativas a prisión es muy inferior a la de aquellas que han estado entre rejas. El impacto que puede tener la cárcel para una persona que se encuentra en arenas movedizas es el de una plancha de acero sobre su cabeza. La hunde, irremediablemente, hasta el fondo.
Lamentablemente, mientras Mercedes apuesta, Zapatero legisla y el pueblo aplaude.
Las reformas legislativas en materia penal de los últimos 8 años (PP y PSOE se suelen poner de acuerdo en esto con el apoyo de la derecha nacionalista) han ido encaminadas al endurecimiento de las penas y al establecimiento de toda clase de restricciones para el acceso al régimen de semilibertad. España es el país europeo con la estancia media en prisión más elevada y la última vez que nuestros legisladores apostaron por una pena alternativa a prisión fue para acordar la expulsión automática de extranjeros que hubieran cometido delitos penados con menos de 6 años. O sea, te condeno a un año de cárcel por pescar cangrejos en el Río Irati (art 334 del Código Penal) pero como soy muy majo lo sustituyo por 5 años de expulsión y te mando al país del que huiste jugándote la vida. Así están las cosas.
Y no se queje, señora, porque el legislador nos da lo que le pedimos, incluso, desde la izquierda. La involución de los movimientos sociales en esta materia nos ha llevado de considerar el derecho penal como un instrumento reproductor de las injusticias sociales a pedir la conversión en delito de toda aquella conducta contraria a nuestros objetivos. De los delitos ecológicos a los urbanísticos, de los económicos a los delitos contra los trabajadores. Todos a la cárcel, y problema resuelto.
Mientras tanto, en la conciencia colectiva persiste la idea de que aquí todo el mundo sale a la calle a los cuatro días y de que es igual matar a ocho que a ochenta.
Esta legislatura tendremos 8.966 razones más para la reflexión y deberíamos darles doble uso. Es preciso.



Pues nada, Javi: que si no escribes sobre Izquierda Unida o algo igual de morboso no se mueve la cosa…
La verdad es que la política de cárceles, y en general la política penal, es un tema importantísimo para una política transformadora, pues al fin y al cabo los segmentos más excluidos están en ese subsuelo de la sociedad, allá donde no alcanza nuestra vista. Y sin embargo, apenas le prestamos atención.
¿Qué alternativas podríamos ofrecer?, ¿qué haría la izquierda transformadora si estuviese en su mano?, ¿habrá cárceles en el socialismo?
Je je je, te agradezco la solidaridad aunque me conformo con que lo lean, comentar requiere un esfuerzo añadido y el tema no es divertido.
Las preguntas que haces darían para tres o cuatro entradas màs así que me comprometo a escribir otra con actitud propositiva. De todas formas ya te puedes imaginar que la solución pasa por atender a las causas de la criminalidad y, una vez que se ha producido, tratarla de forma diferente. O sea, pensar un poco más en porqué se cometen los delitos más frecuentes y en si vale de algo encerrar a los que los cometen. Además de reflexionar sobre si todas las conductas tipificadas como delito deben seguir siéndolo (pescar cangrejos en el Rio Irati, por ejemplo)
Un poco críptico, ¿verdad? Voy a ver si pido ayuda a alguien que sabe mucho del tema…
Gracias Javier. Por alusiones. Aunque apresuradamente - son las 23:38 de la noche y mañana es día de escuela -, recojo el guante del amigo Javier y, sin perjuicio de explayarme con calma en otro momento, os cuento lo que, para mi son algunas de las ideas básicas en las que se fundamenta todo el resto de lo que pienso al respecto.
1º) El tema de la cárcel y de la política criminal suele ser abordado desde un punto de vista extremadamente simplista: o todo o nada. El debate sobre la materia suele polarizarse entre el “todos a la cárcel” y el “cárceles abolición”. Sin embargo, el tema es complicado, muy complicado y la solución no puede ser sencilla. Es más que evidente que el delito - prefiero hablar de conflicto - es inherente al ser humano, razón por la cual no es un tema que pueda despacharse sin más, so pena de caer en el tópico típico de la izquierda -que odio y en el que no creo- de las soluciones simples para los problemas complicados. Existen, por ejemplo, conflictos -muchos, la mayoría- que tienen que ver con un determinado orden socioeconómico: estos, evidentemente, tendrían su solución en la modificación, nada sencilla, de ese orden de cosas. Otros muchos conflictos tienen que ver con el abordaje de problemas de género. También aquí podríamos entrever que la solución -nada sencilla tampoco y a muy, muy largo plazo- pasa por alterar los esquemas según los cuales los hombres y las mujeres nos relacionamos. Pero existen muchos otros conflictos que tienen una raíz más honda, más relacionada con el lado oscuro de la naturaleza humana. Y no hablo sólo de la enfermedad mental. Soy de la opinión de que gran parte de los actuales conflictos de la persona con otra persona o grupo de personas tienen una solución estructural ajena a la naturaleza humana. Pero también creo que la naturaleza humana tiene ingredientes chungos –que, obviamente, se potencian con determinadas estructuras y sistemas chungos- que, probablemente, hagan inviable e imposible un mundo perfecto y feliz. Por desgracia y por hablar en términos más filosóficos, creo que el mal existe, tiene un origen y un lugar en cada uno de nosotros. Así pues, habrá que contar con ello y pensar. Y pensar en que, incluso en un mundo mucho más perfecto que el que tenemos, el conflicto seguirá existiendo y habrá que gestionarlo e intentar solucionarlo. Nunca o casi nunca, eso sí, con la cárcel. Os parecerá que esto es una chorrada pero, para mi, es la razón por la que, a día de hoy, no me siento con fuerzas para mantener una postura abolicionista sin fisuras y sin matices.
2º) Dicho esto, lo que está más que claro es que la realidad actual en materia de política penal y penitenciaria no parte de los parámetros descritos en el párrafo precedente –la mayoría de los conflictos serían evitables en otro sistema- y ello, entre otras razones, por una muy evidente: se legisla y se actúa partiendo del peor de los supuestos. Me explico. Cuando se habla y se legisla sobre presos y cárceles, se habla y se legisla para una opinión pública que piensa que las cárceles están llenas de personas como Anibal Lecter. Se fomenta la idea de que las cárceles están llenas de gente malísima, radicalmente distinta de aquellos que estamos fuera, los buenos. El éxito en la difusión de esta idea está asegurado. Y ello es así porque conecta con una debilidad inherente a la psicología humana: necesitamos pensar que hay alguien peor que nosotros. Y, en nuestra sociedad, los malos son los que están en la cárcel y los buenos los que no entran. Y a todos aquellos que no han entrado les interesa pensar así. Les interesa pensar que son mejores que los que están dentro porque ese pensamiento les reconforta, les coloca en el lado luminoso. El papel simbólico de la cárcel a este nivel es enorme y la izquierda tampoco aquí se libra. Así pues, decía, socialmente interesa pensar que la cárcel está llena de gente de la peor calaña. Y con esos parámetros y pensando en esa minoría –porque los asesinos y violadores, por hablar con el lenguaje del ABC, son una minoría dentro de las cárceles- es cómo se legisla y como se vende el tema a la opinión pública. Por tanto y como premisa número dos, no puede abordarse el tema de la prisión pensando, como así ocurre hoy en día, en la persona irrecuperable, en el psicópata, en el violador múltiple, en el preso peligrosísimo.
3º) Así las cosas, es evidente que una postura abolicionista a ultranza de hoy para mañana no tiene mucho sentido. Pero es también más que evidente que, entre el todo o nada, entre Anibal Lecter y los 70 y pico mil presos que hoy hay en España, hay un abismo y miles de propuestas –sobre las que, si queréis, hablaremos otro día- en las que seguir avanzando. A mi modo de ver, una de las grandes lacras de la izquierda – en sus diferentes variantes e “ismos” – es su soberbia a corto plazo: no parece quedarse contenta si no ofrece una solución TOTAL, cerrada, absoluta y sin fisuras a todos y cada uno de los problemas de la humanidad. En fin. La humanidad es vieja. Ninguno somos los más listos de nuestro portal y parece difícil que seamos precisamente nosotros los que vayamos a encontrar la piedra filosofal. Pero es más que obvio y evidente que por los caminos por los que hoy transita la política criminal no se puede transitar. Y que hay mil y una propuestas sensatas que pueden y deben ser puestas en práctica para empezar a abordar este tema del conflicto desde otros parámetros.
En fin, menos mal que no me iba a alargar. Comentario este un tanto caótico que, desde luego, no ha respondido a lo que se planteaba en el comentario precedente. Pero, lo dicho: dejo para otro día esas otras propuestas más concretas. Perdonaréis que no haya podido evitar las premisas estas que quizás os resulten obvias pero que a mi me parecen fundamentales. Muy harta ya de ir a dar charlas y tener que responder una y mil veces sobre lo que yo haría con el violador del Ensanche. PATRICIA.
Gracias Patricia por el comentario Voltaireiano. Es cierto que en la izquierda tenemos un problema con el modelo de política penal, pero también con otros, con el policial, el militar, el económico, la organización de la sociedad… ahora, los documentos políticos quedan muy bonitos porque nadie se los plantea como si mañana hubiera que aplicarlos (es más importante el estilo, el lenguaje, las veces que viene anticapitalista por folio…).
Javier, a mí me parece mal que sea delito lo de los cangrejos en el Irati. Habría que matizar: es delito pescar cangrejos en el Irati, ¡Y NO INVITAR A CENAR!
Muchas gracias por el comentario, la verdad es que podría valer como un post en sí mismo.
Mi pregunta sobre si habría cárceles en el socialismo tenía una intención retórica, pero puede muy ser relevante para pensar el tema de la política penal. No tanto, como dices, para proponer una solución total aquí y ahora, sino para dibujar el horizonte de cambios sociales posibles y poder guiarnos en base a lo que sería el “ideal”.
El problema tiene solución clara. Si cortásemos la cabeza a todos los que cometen un delito (cosa que, por cierto, merecen) acabaríamos con todos los que cometen delitos. Obviamente, todo ciudadano debe entender, y entiende, por cierto, que es lo mejor, porque el Estado no tiene porque cargar con este tipo de “personas”, vagos, drogadictos, gitanos, negros, extranjeros, ladrones, inadaptados, borrachos, terroristas (casi se me olvida, a mí!) y, al hilo, todo aquel que no tiene otra intención que acabar con la patria (los de Izquierda Unida estáis jodidos). Et cetera.
Que las medidas alternativas tienen mejores resultados no se lo cree nadie, porque ahí están los moros tirando aviones contra la democracia y, claro, porque tú no estabas ahí, si no qué dirías… Es que en estos tiempos no se puede vivir. Está todo lleno de bandidos. Uno no puede tener seguridad ni de que su vecino sea buena gente.
Bueno, supongo que pensar así hay gente que piensa, pero, sin llegar a este tipo de extremos, todos tenemos una tendencia a protegernos de lo “diferente”, pudiendo llegar incluso a querer deslegitimar lo “diferente”. Lo que distinguirá a “unos” de “otros” será la valentía para pasar por encima de los instintos y actuar con aquellas herramientas que nos distinguen a las personas de los animales.
Con perdón.