November 27th, 2008 el 1:08 pm

Así de claro.

En esta vida hay gente que ha tenido suerte y gente que no. Eso es un hecho. Algunos podemos publicar nuestras reflexiones en Internet y otros no saben si comerán mañana.

Pero las actitudes ante las realidades que a cada uno le toca vivir son más o menos universales. No hay quien me quite de la cabeza que el valiente es valiente, aquí y en Mogadiscio. El optimista lo es en igual medida tanto si nació en Kabul como en Nueva York y el cobarde, el egoísta o el victimista crónico, no necesitan de ningún contexto específico para desplegar tan lamentables caracteres.

En ocasiones,  uno se encuentra con personajes que se instalan cómodamente en el rol de paria desfavorecido, gente con horchata en las venas en lugar de sangre, que tuvo la inmensa fortuna (o la enorme desgracia) de encontrar a quién le cuidara de forma perpetua, a costa de sufrimientos propios y ajenos.

Quien carece de audacia, de valor, de iniciativa y, esto es importante, de generosidad, no tiene mayor inconveniente en que las cosas le vayan mal, siempre y cuando consiga dar la suficiente pena como para que otros sacrifiquen lo que tienen por echarle una mano.

Cuando las cosas vienen mal dadas, hay quien se enjuga las lágrimas (para enjugarlas hay que llorar primero) y le echa huevos, quien se hunde y quien espera sentado a que le solucionen la papeleta.

Entre éstos últimos, los hay que no dan más de si y los hay que no dan porque es mucho mas cómodo dejar que otro lo de todo por mí, porque yo soy una víctima y tú eres un privilegiado lo suficientemente idiota como para creerte este discurso y, de paso, condenarme a la invalidez permanente que supone el no ser capaz de afrontar la puta vida tal y como viene, con sus miserias y sus virtudes, con alegría y con dolor.

Detrás de estos tipos siempre hay alguien que confunde la ayuda con la caridad, la solidaridad con el paternalismo y, en definitiva, la izquierda con la derecha.

Echar una mano a quién lo está pasando mal es un acto de nobleza; dejar que el que ha recibido nuestra ayuda se instale en la comodidad y en la dependencia es un acto contraproducente y destructivo.

El que lo da todo suele acabar odiando al mundo entero, quemado; el que sólo sabe pedir se encontrará inerme cuando se le acabe el chollo, sin las herramientas que todos necesitamos para sobrevivir y que el alma caritativa nunca le proporcionó.

Una estrategia equivocada, una actitud inútil que siempre acaba mal.

Así de claro.

1
  • 1

    Vaya, vaya…es profundo. La cuestion es que a las que nos dedicamos al trabajo y la educación Social, nos enseñan siempre a dar la caña; aunque entiendo que cuando ya te sumerges en la cruda realidad… a veces lo que pescas lo repartes. El problema es que aquellos egoistas de los que hablas, no saben compartir y todo lo tiene para ellos y como el tío gilito van acumulando montañas y montañas de riquezas y a los pobres, aquellos a los que la sociedad quiere enseñar a manejar las herramientas, se han quedado sin ninguna porque por más que pescan no encuentran. En fin… mola esto de vuestra página… entrare más amenudo.

    Amalur el June 9th, 2009

 

RSS subscripción para los comentarios de esta entrada | TrackBack URI