La oferta de estabilidad institucional realizada por el PNV al Gobierno Vasco de López es algo que me merece consideración. Cierto es que puede quedar como un brindis al sol, como una serpiente informativa de verano, como una añagaza, como un intento de desestabilizar pidiendo estabilidad…; en fin, se pueden prejuzgar muchas intenciones. Pero, a mí, lo que me merece reflexión es la versatilidad, ductilidad y moderación que ha demostrado el PNV. Este partido una vez perdido el gobierno vasco que detentó durante siempre, ha sabido situarse en el nuevo mapa político vasco realizando propuestas. Esa es la centralidad de un partido, desde la realidad del contexto coyuntural proponer acciones que puedan modificar el mapa. Eso no le quita para que otro día celebre un acto de desagravio a su bandera subiendo al monte Gorbea y avisando del peligro de que Euskadi se convierta en un islote Perejil cualquiera. Como el junco, raices profundas y tallo flexible.
Muchas veces, me he referido a la política como un tablero de ajedrez donde las piezas que están fuera de él no cuentan, las que cuentan son las que están dentro y a veces, incluso, los peones trastocan todo el tablero. El PNV con su propuesta preñada de realismo político, argumentada en el contexto de la crisis económica, se ha situado, de nuevo, en la centralidad de la politica vasca; a la vez ha hecho repensar a los demás actores. Además, como el PNV también juega en el tablero de España, al débil, en apoyos, Gobierno de Zapatero también le hará moverse. Si alguno creía que el PNV en la oposición se diluiría en problemas internos se ha equivocado de momento. Lo que ha hecho es exportar debates y polémicas internas a los otros.
En fin, desde que Maquiavelo inventó conceptualmente el Estado y con él la política, la misma siempre se ha naturalizado por su capacidad de afrontar la coyuntura con el fin de lograr la permanencia. Sólo aquellos que no se mueven no permanecen.


