
Entradas anteriores: Peter Gowan y Giovanni Arrighi.
Gerald Cohen encaminó su reflexión en otras direcciones, más cercanas a las alturas de la abstracción filosófica. Su libro La teoría de la historia de Marx: una defensa (Siglo XXI), publicado en 1978, supuso todo un hito en la interpretación de Marx y dio el pistoletazo de salida a lo que más tarde se conocería como “marxismo analítico”. Lo más sorprendente es que el libro estaba dedicado a defender una tesis difícilmente sostenible. Se trataba, más o menos, de una lectura funcionalista de Marx basada en las dos páginas del famoso Prefacio de 1859, según la cual el cambio histórico en la superestructura ideológica de una sociedad se explica por resultar funcional a las relaciones de producción, y la evolución de éstas por ser funcional al desarrollo de las fuerzas productivas. Pero eso no impidió que la obra se convirtiera en todo un ejemplo de rigor y originalidad en la interpretación de Marx desde la filosofía analítica, aplaudido a izquierda y derecha del arco político-académico (recuérdese que en esos años estaba en boga Louis Althusser, quién más tarde reconocería que no conocía muy bien la obra de Marx).
Tras mantener, a raíz de ese libro, una apasionante polémica metodológica con Jon Elster (que no es precisamente un buen regalo para los Reyes Magos, pero que tiene bastante interés para reconocer algunas trampas en las que suelen caer las teorías críticas en ciencias sociales), Gerald Cohen cambió de tercio y empezó a interesarse por la filosofía política. Como explica en esta entrevista, no es que Elster le convenciera totalmente de que su interpretación era errónea, sino que empezó a pensar que al fin y al cabo ese tema no tenía tanta importancia para una política socialista, al contrario que las cuestiones normativas.
El giro de Cohen coincide, de algún modo, con un fenómeno más amplio de renovado interés por la filosofía política dentro del marxismo, que anteriormente había considerado cosas como la “justicia” como algo bastante secundario, perteneciente al superestructural mundo de las ideas. La historia de este desencuentro dió lugar a una famosa disputa, un tanto escolástica, sobre si Marx estaba interesado en la justicia o no, que Norman Geras saldó con una curiosa conclusión: “Marx pensaba, efectivamente, que el capitalismo era injusto, pero no pensaba que pensara eso”.
La indiferencia (cuando no la hostilidad) hacia estos asuntos se extendía más allá de Marx y los marxólogos, como muestra una anécdota contada por el propio Cohen, que relata cómo en un viaje familiar a Praga, al preguntar a su tío por la relación entre los principios morales y la práctica política comunista, obtuvo esta desairada respuesta: “No me hables de moralidad, no me interesa la moral [...] la moralidad es puro cuento ideológico; no tiene nada que ver con la lucha entre capitalismo y socialismo [Mi lucha] no tiene nada que con la moral, ¡estoy luchando por mi clase!”. Aunque todo esto pueda resultar sorprendente o extraño, no es algo superado ni mucho menos, como puede comprobarse al dar una vuelta por este foro de debate militante. Asi explicaba Cohen las razones para volver sobre estos temas:
No podemos confiar en que la tecnología vaya a arreglar las cosas por nosotros; si pueden arreglarse, entonces nosotros tenemos que arreglarlas, por medio del duro trabajo político y teórico. El marxismo pensaba que la igualdad se nos concedería como resultado de la abundancia, pero tenemos que buscar la igualdad en un contexto de escasez y, en consecuencia, tenemos que tener muchos más claro de lo que lo teníamos aquéllo que estamos buscando, qué razones tenemos para buscarlo y por qué medios institucionales puede realizarse. Ese reconocimiento debe dirigir los esfuerzos futuros de los economistas y filósofos socialistas.
A pensar filosóficamente qué estamos buscando y qué razones tenemos para buscarlo dedicó varios libros, donde se proponía defender la vigencia de los principios socialistas ante dos de las figuras centrales de la filosofía política contemporánea: el liberal de izquierdas John Rawls y el neoliberal Robert Nozick. Es posible que en ese itinerario intelectual se perdiera por vericuetos excesivamente académicos o cayera preso de un cierto provincianismo oxoniense (como parece sugerir, con bastante severidad, Toni Domènech). Pero eso no debe empañar el mérito de atreverse a discutir de un modo riguroso con los referentes básicos del mainstream filosófico, en lugar de recluirse cómodamente en alguno de los muchos conventículos marxistas.
A finales de los 90 impartió una serie de conferencias que luego vieron la luz bajo el título ¿Si eres igualitarista como es que eres tan rico? (Paidós), un entretenidísimo librito donde combina el ensayo autobiográfico (desde su infancia en los círculos comunistas y judíos de Montreal, a sus desengaños y rectificaciones en la academia inglesa, pasando por la emotiva historia de su padre) con el debate filosófico sobre dilemas políticos y cuestiones cotidianas.
Aunque en los últimos años confesaba sentirse más insatisfecho y alejado del marxismo, jamás cedió en su compromiso con el socialismo, como atestigua su último libro, un breve ensayo de cien páginas titulado Why not socialism?, donde recurre a un sencillo argumento en favor de este ideal. Si cuando nos vamos de excursión al campo -viene a decir Cohen- dividimos el trabajo y nos coordinamos de un modo igualitario y comunitario, en el que a nadie se le ocurriría pedir dinero por ir a pescar, cobrar por fregar los platos o imponerse a los demás de un modo arbitrario, ¿por qué no sería esta forma (basada en el principio de igualdad y comunidad, y no el principio de mercado) la mejor forma de organizar la sociedad? El socialismo, en fin, es algo bastante sensato y lo que resulta verdaderamente radical es -como decía Brecht- el propio capitalismo.
Alex Callinicos, otro filósofo marxista maś combativo y dirigente del SWP británico terminaba su obituario con estas palabras:
Puedo recordarme debatiendo con Jerry en el festival anual de Marxism del Socialist Workers Party en los años 90. Para ilustrar un argumento, él cantó la vieja canción sindicalista americana “Solidarity Forever”. No hay muchos filósofos, de Oxford o de cualquier lugar, que hubieran o pudieran haber hecho eso. Recordaré a Jerry Cohen por su combinación única de brillantez analítica y socialismo instintivo.
Que ninguno de estos tres autores -por orden: Cohen, Arrighi y Gowan- fueran muy conocidos (ni leídos) fuera de la izquierda académica es una expresión más de la distancia entre los intelectuales marxistas y los movimientos políticos; una separación diagnosticada hace tiempo por Perry Anderson, pero que no conocieron los viejos revolucionarios y que no tiene por qué ser inevitable; lo que debería hacernos pensar (sobre todo a quienes habitamos -como estudiantes, investigadores o profesores- las torres de marfil académicas).
Los tres autores, cada uno a su manera, mantuvieron encendida la llama del pensamiento marxista. Sin aspavientos, ni dogmatismos. Se midieron con los problemas de su tiempo sin pedir permiso al barbudo de Treveris; y, a diferencia de quienes se esconden tras la oportuna cita de Marx o los que confían en hallar en sus manuscritos todas las respuestas, los tres -Peter Gowan, Giovanni Arrighi y Gerald Cohen- hicieron caso al consejo del haiku:
No sigas los pasos
de tus maestros, busca
lo que ellos buscaron.



Cagoentó, ¡buena serie de artículos! Al final casi lloro y todo :’D
El hilo de ForoIU de “La ciencia, el marxismo y la izquierda” pasa por ser unos de los más míticos del foro (junto con uno sobre Gustavo Bueno gloriosísimo). Intenté reflotar el hilo de “La ciencia…” en una ocasión pero fracasé estrepitosamente XD
Y es que, con todos los respetos a sus autores y los acólitos de éstos, creo que a “Razón y Revolución” (que era la polémica por la que empezaba el hilo) la Historia lo condenará al olvido (o la Historia los pondrá en esa estantería que nadie visita junto con los libros sobre “Diamat” soviético…).
Volviendo al tema: cojonuda peña éstos analíticos que citas. Puedo estar muy en desacuerdo con ellos en ciertos puntos pero simpatizo con sus esfuerzos. Por donde pasan pueden limpiar mejor o peor, pero desde luego que no ensucian (cosa difícil).
Vaya, como decía Lenin: “Me mola su rollo”. Y tu rollo también, of course.
Jorge va a conseguir que hasta lea en Ingles, algo que no habia conseguido antes ningun profesor.
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