Si el sábado reproducíamos “La clase obrera va al paraiso” de Los Carradine para celebrar el Primero de Mayo, una irreverente canción que reflexiona en clave de humor sobre el declive de la clase obrera como sujeto político bajo los efectos del neoliberalismo, esa distopía formada por el palo de la desregulación y la zanahoria de la propiedad, hoy hemos de recoger como necesario contrapunto la maravillosa imagen que nos llega de Grecia.
Tras la fiesta financiero-inmobiliaria de las dos últimas décadas, que a punto estuvo de convencer a más de uno de que el “capitalismo popular” era posible, la crisis ha vuelto a poner sobre la mesa unas cuantas verdades, empezando por que un sistema que empuja a un país a sacrificar a su población para convencer al mercado probablemente no sea una buena idea.
Marx escribió en el prologo alemán a una de sus obras: de te fabula narratur, para advertir a sus compatriotas que la devastación capitalista que había conocido Inglaterra pronto haría estragos en Alemania. Estos días los trabajadores griegos no están diciendo algo parecido. Si el pueblo se doblega ante un puñado de sociópatas financieros, la democracia terminará devorada por el mercado. “Europeos, levantaos”. ¿Atendenderemos su llamada?



