Vivo justo enfrente de un colegio. Por tanto, tengo asumido que, a las horas de entrada y salida de los niños al mismo, la calle se llena de coches en segunda fila, porque por lo visto la mayoría de sus madres y padres viven o trabajan demasiado lejos como para llevar o traer a sus hijos andando, y sus agendas están demasiado apretadas como para dejar el coche en el aparcamiento que hay a tres minutos del colegio. De acuerdo. Esta sociedad tan estresante en que vivimos ha de tener sin duda sus daños colaterales y esos son los conductores de los coches que no pueden salir, y sus labores, seguramente mucho menos importantes que las de aquellos que han aparcado en segunda fila, tendrán que esperar.
Hoy, como cualquier otro día, justo a la hora de salida del colegio, puedo oír desde mi casa una agradable sinfonía compuesta por bocinas de hasta cuatro coches diferentes. Me asomo a la ventana y puedo ver cómo absolutamente nadie se acerca desde el colegio a comprobar si es su coche el que molesta. Pasan veinte minutos hasta que el último coche deja de pitar. Los defensores del capitalismo neoliberal suelen afirmar que la conjunción de egoísmos desemboca en el bien común. Nunca he sido capaz de entender la lógica de tan extraño proceso, pero si tienen razón esto va a ser el paraíso terrenal.



Qué buen artículo!! Sencillo, conciso… muy propio para un debate ideológico en Europa o en la ONU. Lo digo en serio: Vaya forma de desmontar el individualismo neoliberal! De libro.