February 27th, 2008 a las 12:45 pm

Mendigar como una acción capaz de ejemplificar el hambre en las aceras. Sentirnos parte del polvo en el lavabo, cuerpo a punto de naufragio: tres segundos más y todo es agua. Desconocidos y aún así muertos de frío, como antepasados, como niños que buscan la parte lateral que guarda el calor de la tierra en los depósitos de lava. No somos pobres, pero si estamos cansados de no llegar, de perder, de quedarnos en la peor posición antes y después de las carreras. El invierno se acerca a nosotros como un tigre domesticado a base de aspirinas y no vale de nada ser domador en una tienda de juguetes. Resulta ridículo sentarse, esperar a que alguien te de cambio para comprar globos azules en el tenderete de la feria que hay cerca de los adoquines en obras. Tres mandarinas dentro de una caja de zapatos en la tienda de los repuestos para zurdos, es una buena estadística para dejar de lado la frutería y empezar una nueva vida a base de recortables. Por eso digo basta a la vida avión a tiempo de pista, a la soledad para dos en forma de ensalada, al odio de no haber sido antes, quizá, en otro tiempo: Hong Kong, Taipei, Alaska, Nicotina, Asfalto, Edredón y Manta si aún nos queda iniciativa de ajedrez en las pestañas.
February 14th, 2008 a las 1:46 pm

Hay algunos cantautores que escriben versos amasando palabras como quien construye un palacio de salas vacías, tal vez hermoso, pero frío e inhabitable; y hay cantautores que escriben con la vida en la garganta y el temblor en el lenguaje, que acarrean una sentida inconformidad que les obliga a estar siempre al limite de la utopía.
El viernes, 29 de febrero, actúa en Zizur Mayor un cantautor de los últimos citados. Se llama Jorge Sánchez (un viejo amigo de esta nueva casa) y, por supuesto, desde esta luminosa ventana, queremos animar a nuestros inquilinos e invitados a descubrir una tranquila azotea musical. Y es que Jorge es una fiel muestra de que para cantar a la rebeldía no hace falta gritar. Como una vez dijo un buen amigo (entre ron y ron); ¡la ternura es revolucionaria!
Jorge presentará su nuevo disco, Canciones de aquí & de allá. El disco ha sido editado por el propio Jorge, que de nuevo comparte alguna de las canciones con la violoncellista Eva Niño (¡un saludo, guapa!). Unas canciones en las que, a través de sus letras, de nuevo destaca el afán de Jorge por mostrar situaciones en muchos casos duras pero que, contradictoriamente, gracias a sus manos llegan a nosotros a través de una música dulce y amable.
Y para calentar el ambiente, nuestro querido anfitrión esta preparando una magnifica cena. Así pues, alentamos a todos lo guajiros (de aquí y de allá) al buen yantar, a la buena música, a pelear por los colores y a luchar contra la displicencia y el gris. Ya tú sabes que ¡con un traguito voy bien, con dos me pongo sabroso…!
January 23rd, 2008 a las 10:44 pm
Esta foto la tome en los bosques de Galicia… aunque también pudiera estar hecha en Asturias, Cantabria o País Vasco. En casi todos los bosques de la costa cantábrica la imagen se repite; un veloz ejército de eucaliptos amenaza a los pocos árboles pausados que quedan.

En la primera mitad del siglo veinte el eucalipto era un extraño en la costa cantábrica, pero a este raudo arbolito le ha bastado cinco décadas para triplicar la superficie del roble, duplicar al pino y pisarle los talones al castaño y al haya. Todo un elemento, vaya.
Y juega con ventaja. El eucalipto es un rápido depredador, que anula la vegetación a su alrededor e imposibilita la vida de otras especies vegetales y animales. Por si fuera poco, los incendios difunden las semillas y los árboles crecen en zonas donde jamás se plantaron.
¿Pero entonces, por qué se plantaron eucaliptos? Frente a los árboles-tortuga como el roble o el haya, el eucalipto crece rápido y da madera fácil. La industria papelera vendió que los grandes monocultivos de eucaliptos iban a ser la solución a los problemas rurales. Pasados unos años, podemos comprobar como, en realidad, los están exacerbando. La productividad y las prisas nunca son buenas consejeras.
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