
Hace algunas semanas publicábamos un texto sobre aquellos que pretenden representarnos a todos mientras defienden intereses que no son los nuestros. Y es que vivimos en tiempos de ocultamiento en el que todo el mundo se avergüenza de ser lo que es: la derecha afirma ser de centro, el centro pretende ser la izquierda y algunos nacionalismos ocultan sus banderas en aras de unos votos que nunca conseguirían de otra manera. Por eso es de agradecer que haya instituciones que no se esconden, gente iluminada que destaca en la oscuridad de esta sociedad perdida y pecaminosa.
Que Monseñor Rouco sea el nuevo presidente de la Conferencia Episcopal es, sin duda, una buena noticia. Frente a los incautos que pretendían el triunfo del llamado “sector moderado”, la victoria del Cardenal nos permite apreciar sin cortinas de humo la verdadera cara de la jerarquía católica. Algo, insisto, que es motivo de celebración en un contexto de mascarada general.
Este señor, que opina que el sexo es una aberración y que antepone la “ley divina” a la que emana de la voluntad popular, es el máximo representante de la Iglesia en España y todos sabemos lo que hay, sabemos a que atenernos. A partir de ahí que cada palo aguante su vela y responda por sus acciones. Estaría bien que los partidos clarificaran su postura en relación a los miles de millones de dinero público que gestionará el cardenal los próximos años.
Por lo demás, sólo queda solidarizarse con los miles de católicos que identifican su pensamiento religioso con algunos de los valores de la izquierda transformadora y que ven con desencanto a una jerarquía que no pueden elegir y con la que no se identifican.


