Celdas. 8.966 celdas más, “preparadas para su uso doble si es preciso” , se pondrán en funcionamiento en la presente legislatura para hacer frente al espectacular incremento de la población reclusa en España, en palabras de la Secretaria General de Instituciones Penitenciarias, Mercedes Gallizo. Y las que harán falta, en palabras de un servidor.
En la misma rueda de prensa, Mercedes, que es muy progre, afirmó que convendría “apostar por medidas alternativas a prisión en penas de corta duración y para personas que han cometido un único delito”. Si bien es cierto que en esta ocasión no acompañó su apuesta con datos porque era sólo eso, una apuesta, que presentó como solución coyuntural a un problema de hacinamiento y no como un cambio de orientación en materia de política penal y penitenciaria.
Una apuesta ganadora, en cualquier caso, ya que todos los estudios realizados demuestran que la tasa de reincidencia en personas sometidas a penas alternativas a prisión es muy inferior a la de aquellas que han estado entre rejas. El impacto que puede tener la cárcel para una persona que se encuentra en arenas movedizas es el de una plancha de acero sobre su cabeza. La hunde, irremediablemente, hasta el fondo.
Lamentablemente, mientras Mercedes apuesta, Zapatero legisla y el pueblo aplaude.


